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  • Foto del escritor@Gentopia_

Por zorra…sigues tú

Por Olimpia Flores Ortiz

Columna originalmente publicada en SEM México



La banalización del feminicidio que la banalidad social produce ante la banalización del espectáculo total.

En estos días recientes de fiestas de Muertos y Halloween, tuvimos las imágenes de la ambientación en un boliche con bolsas de plástico negras y grandes, simulando envolver un cadáver de mujer al que le colocaron el letrero: “POR ZORRA”; en un espejo del salón se podía leer también “¡Sigues tú!”. Esa era la ambientación del sitio para un evento festivo, el “Wizzard Fest” en Culiacán, Sinaloa.


Ante las reacciones airadas, y en algunos casos violentas y amenazantes que corrieron por las redes, la empresa responsable “MC Diseña Eventos” emitió una disculpa pública.


La anécdota no parece sostenerse en la maliciosa intención que se oculta tras la provocación de una acción políticamente incorrecta. En este caso es pura banalidad.


Entendamos “banalidad” como la resolvió Hanna Arendt a propósito del juicio a Eichman, el nazi judío apresado en Argentina.


La monstruosidad humana no es excepcional, todo “buen ciudadano” que viva en paz con sus vecinos y pague sus impuestos puntualmente puede cometer actos monstruosos tan despreocupadamente restando el horror a lo horrible.



La infinita sucesión de las imágenes del horror, en la era del espectáculo digital, también banalizan al mal. Es cotidiano, es frecuente, es normalizado; cruza sucesivamente delante de nuestros ojos diluyéndose el horror de su contenido.


Ya no hay registro ético ante la proliferación de imágenes

El infinito torrente de imágenes que circula por las redes sociales, su repetición parece que las despoja de sentido. Nadie puede consumir tanto contenido. Las imágenes dejan de representar.


Para Guy Debord, filósofo, escritor y cineasta francés de la posguerra, en su libro “La Sociedad del Espectáculo”, sostiene que éste en sí es una negación de la revolución. Es un distractor que no deja ver lo importante obturando la posibilidad de cambio. El espectáculo al cabo nos reconcilia con el sistema.


La sociedad espectadora es irremediablemente pasiva ante la inconsistencia de los relatos de las redes, que inconexos entre sí, no configuran un relato y no producen una comunidad de reacción, porque no hay tal comunidad y por tanto tampoco manera de reconfigurar en términos del argelino Rancière “la experiencia común de lo sensible”.


En esta situación en la que no se trata de un relato ni de una falta absoluta del mismo, “El espectador permanece ante una apariencia, ignorando el proceso de producción de esa apariencia o la realidad que ella recubre (...) Ser espectador es estar separado al mismo tiempo de la capacidad de conocer y de poder actuar.”


La percepción política

Bordieu dice respecto de una fotografía, que “no es solamente recuperar las significaciones que proclama, es también descifrar el excedente de significación que revela, en la medida que participa de la simbólica de una época, de una clase o de un grupo artístico.”

Ese excedente de significación proviene más bien de la apreciación estética. Para Rancière, “la estética es un régimen de pensamiento liberador dentro del cual son cuestionadas las jerarquías establecidas: comprensión y sensibilidad, imagen y palabra, abstracción y representación, arte y vida”.


En el caso de una imagen intolerable, Rancière encuentra que su efecto político no existe sin unos supuestos previos que lleven al espectador a conmoverse porque detenta un juicio producto de un pensamiento crítico y no puede desprenderse de la responsabilidad que le implica formar parte el sistema que genera los horrores. Pero porque sabe, es sensible a lo irrepresentable en la imagen que es el horror en sí.


Efectos de las imágenes en las redes

Desde la perspectiva de las, los, les usuaries extraviades en el laberinto de su presentismo que les impide tomar distancia, comprender causalidades y conectarlas, ¿se puede ubicar el relato-mensaje en la incesante observación de infinidad de imágenes que proliferan sin una lógica común de sentido, porque surgen de sensaciones y expresiones dialógicas individuales, cuyo efecto político consiste precisamente en la ausencia de interpretación y posición política? La repetición de la imagen no transforma el pensamiento. Satura la percepción hasta neutralizarla. No hay nada más allá de la imagen.


La narración es del orden de la permanencia, con horizonte hacia la eternidad; las redes lo son de lo efímero.

En el preámbulo al libro de Rancière, Ane Bugnone rescata que la idea “es trastornar la lógica dominante que hace de lo visual la parte de las multitudes y de lo verbal el privilegio de unos pocos”. ¿No será que la imagen y la palabra pueden ambas “operar formas de redistribución de los elementos de la representación…?”


A guisa de colofón a propósito de la anécdota

Me encuentro en mis indagaciones para este artículo a Deleuze diciendo que “tenemos necesidad de una ética y de una fe, lo cual hace reír a los idiotas. No es una necesidad de creer en otra cosa, sino una necesidad de creer en este mundo, del que los idiotas forman parte.” Las idiotas del caso, también.



Facebook: Olimpia Flores Mirabilia

Twitter: @euphrasina (amor por la elocuencia)

TikTok: Gentopia_mx (La tía de les muchaches)


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